jueves, 11 de junio de 2026

Postales de Georgia / Poemas

 


PRÓLOGO

Este libro que la poeta venezolana Georgina Ramírez publica en Chile, obtuvo la Beca de Creación otorgada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura 2020. Esto nos indica que su extraordinario proyecto poético que comenzó siendo una niña muy pequeña, no es solamente reconocido en su patria latinoamericana y en Europa. Y ahora es una poeta nuestra refugiada en Chile, un regalo para la poesía.

Una pequeña digresión: no puedo evitar hacer mención que Venezuela en 1973 se convirtió en la nueva patria de tantos exiliados que fueron recibidos como hermanos caídos en la desgracia de las dictaduras latinoamericanas. Y como el tiempo es cíclico y “da vueltas en redondo” como dice Úrsula Iguarán en Cien años de Soledad, ahora los venezolanos llegaron a Chile escapando de la dictadura de Chávez y Maduro; me duele percibir que el trato hacia ellos, los inmigrantes venezolanos, no tiene nada que ver con la bienvenida de héroes que tuvieron los chilenos, entre los cuales iba una joven periodista llamada Isabel Allende que comenzó a escribir su primera gran obra como una carta dirigida a su amado abuelo. Así se reescribió una parte de la historia de Chile en La casa de los espíritus, una obra que jamás se hubiera escrito sin el cisma del 73 en este lugar del fin del mundo.

Así veo a Georgina Ramírez Avilé: la mujer que escribe su tierra para no olvidar, ni que la historia olvide que toda dictadura es infernal y cavernaria. Su libro está compuesto como una trilogía que se inicia con Una mujer llamada ciudad, continúa con Una ciudad llamada dolor, para cerrar con Un dolor llamado país.

Una mujer llamada ciudad nos presenta a esta “Hija de Eros”: Diosa hermanada con la ciencia y con el vicio/ santuario añoso de placeres y su resplandor que se despliega en la piel del mundo y en las postales de distintos lugares que la autora ha visitado. Pero siempre es la mujer asombrosa y asombrada de su propio cuerpo y las marejadas de la pasión: No supo contener dentro de su vientre/ ese fuego que inquietaba las caderas/ y estallaba el paso// No le era permitido ser tan bella/ tal vez por eso/ él la amó// La amó tanto que se hizo cenizas a su lado.

           En el poema “Azores” nos sorprende: Esta isla que hoy habito/ tiene tu nombre// llegué aquí de tanto naufragio/ contenido en el pecho// primero fui sirena/ luego sal// en mar también/ me convirtió tu partida// un cuerpo/ vestido de ausencia// de a poco/ el agua fue cesando/ y solo quedó el vacío/ esta hoja ya no en blanco/ un fragmento de tierra/ atracado a un poema.

En “África”, la fémina se transforma: Hambrienta/ preparo la celada/ percibo el temblor de tu cuerpo// Salivo/ atenta a la mordida/ mientras advierto la palidez en tu rostro/ destilan los fluidos// Me arrastro en acecho/ olfateo el espacio/ ese olor exasperado// soy puro instinto garras y dientes/ alerta a la presa/ aullido que ahoga en la entrepierna// Licántropo sediento/ que aterriza en tus hechuras// no temas// Soy un animal domesticado.

        En la segunda parte, Una ciudad llamada dolor, está vivo el desgarro del desarraigo y en “Confesión” podemos registrar su Ars poetique y el temple de ánimo que habita la palabra sagrada de la poeta: Intento escribir el mundo/ para que duela menos/ y el poema no se resiste// Pero queda la herida/ el país/ en carne viva/ardiendo.

            Y el inconmensurable dolor del niño en su inocencia viendo y viviendo lo que ningún niño debería experimentar: Querías andar en bicicleta/ por tu calle/ ser ese olor a tierra/ cualquier día de trompos y metras/ ser bombero o policía// Querías ser un niño// Pero naciste en un país/ que no sabe abrazar la infancia.

La tercera parte se cierra con Un dolor llamado país, donde podemos ingresar en la fragua misma del sufrimiento y del horror. Solo me permito la libertad de reproducir completo el poema que inicia el capítulo final como un epítome del infierno poetizado por la espléndida y eficaz mano-corazón-mente de Georgina Ramírez, un nombre para recordar porque fiel a Tolstoi que aconsejó a todo escritor pintar la propia aldea para ser universal, se cumple a cabalidad en estas Postales de Georgia.

VENEZUELA 

Todo comenzó con mi padre

que trajo el mar en los ojos

Llegó a este suelo

tras infinitas noches

de sueños navegados

 

Amó al país

como a sí mismo

y bautizó su lengua

con el nuevo idioma

 

Nos plantó como semillas

para hacernos parte de esta tierra

sembró su vida en nuestro ombligo

 

Aprendimos a latir

con el nuevo corazón

que llevaba en su pecho

 

y nunca fuimos extranjeros.

 

Teresa Calderón

Santiago de Chile, 2022

ÁFRICA

Hambrienta

preparo la celada

percibo el temblor de tu cuerpo

 

Salivo

atenta a la mordida

mientras advierto la palidez en tu rostro

destilan los fluidos

 

Me arrastro en acecho

olfateo el espacio

ese olor exasperado

 

soy puro instinto garras y dientes

alerta a la presa

aullido que ahoga en la entrepierna

 

Licántropo sediento

que aterriza en tus hechuras


no temas

 

Soy un animal domesticado. 


AZORES

Esta isla que hoy habito

tiene tu nombre

 

llegué aquí de tanto naufragio

contenido en el pecho

 

primero fui sirena

luego sal

 

en mar también

me convirtió tu partida

 

un cuerpo

vestido de ausencia

 

de a poco

el agua fue cesando

y solo quedó el vacío

esta hoja ya no en blanco

un fragmento de tierra

atracado a un poema.


ISLANDIA 

Ella no pretendía verterse en sus brazos

 

No supo contener dentro de su vientre

ese fuego que inquietaba las caderas

y estallaba el paso

 

No le era permitido ser tan bella

tal vez por eso

él la amó

La amó tanto que se hizo cenizas a su lado

 

Desde ese día

en que el beso los abrasó

 

esa mujer supo

que había nacido para saciar sus ganas

saturar en deseo

impedir el vuelo.


BALI

Tu cuerpo

esférico

lunar

se irriga en mis entrañas

 

azul

curvilíneo

que enmudece

al contacto de mi boca

 

Devora la presa

con tu hambre

animal melancólico

sáciate

 

Criatura nocturna

gime debajo de mi cuerpo

despluma mi vientre

con tu herida.









HAITÍ

Hoy hice para ti una pequeña maleta

 

Agua

pan

chocolate

y un poema

 

La tierra se abre a tus pies

se traga la casa

tu gente

se traga tu risa

 

Te escupe de vuelta la piel llagada

 

Cierro mis ojos para no ver tu llanto

pero el llanto no cesa

Se hace eco en mi almohada

que apenas puede soportar mi insomnio

que ya no puede contener tu imagen

 

Quién sostiene una vida que cae.


PIEL DE ASFALTO

He ido disolviéndome

para que esta ciudad no me duela tanto

 

He dejado de llamar niño a sus parques

 

sudo en el revés de mis formas

y apresuro el paso

-esta vez llegaré a casa-

me digo

mientras invento

la forma del equilibrio

 

No me engaño

sé que todas sus noches

tienen algún perro que aguarda

por el mordisco

 

aun así

camino sobre su lomo cansado

 

volteo a ratos

           

vuelvo a llamar pájaro al canto

me pregunto si en su sombra

cabe tanto suelo

y piso

 

Quizá deba guardarme

para ese infarto

que llegará a las tres de la mañana

 

mientras la ciudad duerme

con el regazo hinchado

por sostener tanta muerte.


J. M. DE LOS RÍOS

Sus ojos iban

vestidos de domingo

a la hora del rezo

 

no pude ser palabra

callé

 

un grito penetrante

se ahogó

en el abismo que somos

 

No escuchamos tu ruego

sólo anhelabas un día

un mañana quizá

 

Querías andar en bicicleta

por tu calle

ser ese olor a tierra

cualquier día de trompos y metras

ser bombero o policía

Querías ser un niño

 

Pero naciste en un país

que no sabe abrazar la infancia.


LA GUERRA QUE NO ME CONTARON

No es la guerra

niño mío

quien te borra

 

Ese hueco en las entrañas

no es la bala

 

Caes

con todas las preguntas

en el rostro

y todas tus mañanas

cercenadas

 

Es el hambre niño

es el hambre quien te mata.


LA ÚLTIMA CENA

Alguien tiene que quedarse

a enterrar a los muertos

las oraciones

lavadas por la distancia

ya no le llegan al santo

y la vela

que sobre el altar

se preña de peticiones

no se mantiene encendida

en otro idioma

 

Alguien tiene que quedarse

a alimentar a los muertos

de hambre o de fe

que quizá sea lo mismo

 

porque del pan

ya ni la migaja queda

aunque sea

cuerpo de Cristo.


AÑORANZA

No siempre es el temblor

los huecos en la espalda

la huida

 

A veces a Caracas

le crece con el olor a mango

y las metras de la infancia

las ganas de quedarse.

 




 




Partir

es siempre partirse en dos

 

Cristina Peri Rossi

UN POEMA LLAMADO PAÍS

No es solo partir

y dejar el hambre en las esquinas

 

Es escuchar en tu idioma

palabras ajenas

 

Explicar la miseria que te curte la piel

y te inunda la mirada

 

Defender la dignidad

de las siete estrellas hechas carne

 

partir es partirse

van pedazos de ti

sin ti

recorriendo caminos

que no conducen

 

Partes con el hambre de todos

en la espalda

y cada bocado duele

por el que nada

lleva a la boca

 

y buscas algún sabor

que llene tanto vacío

 

Así se parte

así nos partimos

 

mientras vamos en trenes

que nunca llegarán a casa.


ERRANCIA

Después de tantos pasos

hubo uno que me hizo extranjera

 

Todo sigue igual

sólo que la lágrima

cae ahora

en otro idioma


SANTIAGO

La piel

intenta restaurarse

en esta parte final del mundo

 

Hago puntadas

para coser

la nueva tierra

a un costado

algunos pedazos se unen

 

pero sangro

 

Todavía sangro

cuando te nombro.


LA VOCAL DEL EXILIO

Hoy que el país es desamparo

recojo a todos mis hermanos

que son la diáspora del mundo

los aferro a mi vientre

como queriendo gestarlos

parirlos nuevamente

en un suelo menos incierto

 

Inventar para ellos

un idioma universal en mis entrañas

que nunca estén solos

en ningún comienzo

pido una letra para nombrarlos

 

No he aprendido a estar entera

si alguien pierde un pedazo

Tal vez por eso

hoy soy tan solo un fragmento

 

Un trozo de tierra sin tierra.


4900 KILÓMETROS

Perdona que te llene la tierra de nostalgia

estoy anegada y me desbordo

 

Mi país hoy es un animal herido

y yo muerdo por el

 

Somos llaga

lamento

y exilio

llevamos un dolor en los hombros

 

Queremos ser sonrisa

lo juro

pero la boca se niega a esbozar el gesto

porque en mi país hay hambre

y yo no puedo dormir

con tanto estómago vacío

 

Mis niños mueren

en las calles y en los hospitales

porque alguien decidió que esas vidas no valen

y los encarcelan

aunque no lo creas

a mis niños los ponen tras las rejas

y les pegan

y ellos no entienden

así no se juega a los soldaditos

mis niños sufren

y por eso hoy

yo que estoy lejos

inundo tu tierra

con mi llanto.



Georgina Ramírez, Nació en Caracas, Venezuela, en el año 1972. Actualmente reside en Santiago de Chile, es escritora y editora.
Licenciada en Trabajo Social por la Universidad Central de Venezuela, especialista en Dinámica de Grupo y Arteterapeuta.
Sus poemas han sido publicados en las antologías poéticas: El Ojo Errante (Venezuela); La Mujer Rota (México); La voz de la ciudad (Venezuela); Miradas y palabras sobre Caracas, para bien o para mal (Venezuela); Arte Poética (Argentina); Cien mujeres contra la violencia de género (Venezuela); 102 Poetas Jamming (Venezuela); Aquel invierno que gritamos (España); Antología de Literatura Erótica Artesanía de la Piel (España) El puente es la palabra (Venezuela) La Mujer Rota (República Dominicana); Fragua de Preces (España); Una cicatriz donde se escriben despedidas (Chile); A Scar Where Goodbyes Are Written (EE.UU)
 
Autora de:
 
Piel de Durazno (plaquete de poesía) Taller Editorial El pez soluble, 2010
Lo que calla la noche, Ediciones del movimiento, 2015
Daño oculto, Oscar Todtmann editores, 2015
Postales de Georgia, Lp5 editorial, 2022 (Esta obra contó con la beca de creación del Fondo del Libro y la Lectura el año 2020)
Lo que calla la noche y otros poemas breves, La Parada Poética ediciones, 2022
Los gestos de mi madre (en edición), (Esta obra contó con la beca de creación del Fondo del Libro y la Lectura el año 2024)
 
X: @georgiatwitea y @laparadapoetica
Instagram: @georginaramirez_ y @laparadapoetica

martes, 3 de diciembre de 2019

lunes, 10 de abril de 2017

Daño Oculto / Oscar Todtmann editores







PÓRTICO 
Duele la vida

(...)
Las múltiples voces que acá se levantan, haciendo un trabajo de empatía con diversas situaciones, dan cuerpo textual a la extranjera, la abandonada y la que abandona, al reo, al mutilado, la prostituta, a la hija que pierde al padre, al niño de la calle, a quien errante se siente en el país propio, al que sueña, al amante, a la que pregunta y a la que calla. 


La poeta se asemeja al perspicaz y observador zahorí, al que se le atribuye la facultad de ver lo que está oculto, incluso debajo de la tierra; incluso bajo la tierra socavada del corazón, agrego yo. Y en esta línea del tejer, recuerdo aquí y ahora, que antiguamente un zahorí indicaba dónde podía cavarse un pozo. Y ella, la autora, indudablemente, con un péndulo lo cava.


Desmontadora de oscuridades recónditas del alma, Georgina elige purificar la intención de su escritura abordando sujetos que padecen, pues no quiere domesticar la rabia, sino hurgar núcleos de dolor, aflicción y heridas esenciales, duelos de otros como propios, dándoles visibilidad metafórica: la gota se hace eco si urge la entrega de lo que silente se esconde. Por ello, consciente, acendra miradas con profunda atención al dolor social.  


Georgina Ramírez, poeta zahorí, enciende piras en la mesa del té cuando afirmativa traza oráculos sobre el blanco mantel, para que sean alas en el transitar entre los infaustos días del presente: la nostalgia busca el abrazo pero son ajenos los cuerpos  ∞ las mariposas no deben ser enjauladas ∞ custodio tu piel aún adormecida en el poema  ∞ padre no apagues la luz.


Soy frágil / para los amados, escribe Miyó Vestrini, y Ramírez se aferra a esa fragilidad al explorar sentimientos mutantes, adentrada al lugar más oscuro de lo oculto,  ante la extrañeza de tantas pérdidas sin consuelo, que duelen y nos acompañan para nombrar el pánico y vencerlo, convertida la fragilidad en manta nocturna del trascender poético.

Edda Armas





















Extranjera
 
Soy inmigrante en mi cuerpo

¿dónde el rostro
una mueca quizá,
algún trazo?

Intento extraer los restos

ni siquiera una mano
para asirme al recuerdo
ni un diente para morder la herida

mi silueta
apenas una sombra

un breve instante si te nombro

 
Daño oculto

Me dejo caer en gotas sobre su lengua

Se entrega a pedazos
le devuelvo el gesto

A veces intuye que no soy suya
y me enternece

Los domingos
viene cargando abedules para mi vientre
y un trébol azul que me corre hasta los pies

Me bebo su calma cuando se duerme
le dejo toda la nostalgia en la espalda
me abrazo a sus sueños

entiendo
que aún no es el momento de decirle
que ya me he ido


La parada del colibrí
 
Tengo urgencia de tus labios
salgo a buscarte
en cualquier tormenta

Me bebo los cuerpos
que atraviesan esta nostalgia
las horas se hacen infinitas
en ese reloj no compartido

Me pierdo
en encuentros divergentes
hago de mi entrega
el más infeliz de todos los boleros


Ráfaga
 
Anclo en la vieja herida
la ato a un costado
sus labios cubro con bocas nuevas

desaparece

Pero alguien dice recuerda
 
hago el recorrido vertical por la memoria
y la gota se hace eco
bordeando tu nombre

Sangra

el invierno regresa


Solsticio
 
Silente
te escondes

detrás de mi cuerpo

Alma de niña
juega sin miedo

El viento
se ha ido


Equinoccio
 
No vuelvas
la mirada
sigue siendo tarde
a pesar
de la primavera
















Puntos de sutura
 
Amor sí lo era
Dos cuerpos callados
ya no atentos al roce

De ese bocado primigenio
sólo una promesa queda
la taza de café sobre la mesa
que lejos de tus labios se enfría

en desconcierto
por vez primera
desde tu partida
dejo caer la gota que te nombra


El laberinto de creta
 
El hombre

en un lugar lejano
de su propia memoria

Fantasma de su ayer

¿Dónde quedó tu altura
dónde tus pasos
tu verde arrullando el día?

¿Dónde estás padre?

Aún el espejo
no te encuentra


Retrato en sepia
 
Quizá escriba un poema que no lleve tu nombre
despojado de vacío y ausencia
que no tenga tu aroma extraviando recuerdos

trascenderá tu cielo
superará tu altura
no tendrá el azul de tu mirada
la línea perfecta de tus labios

escribiré un poema donde no hable de ti
donde no te describa sobre mi cuerpo en fuego
derritiéndome
donde no evidencie que sin ti,
la felicidad es una circunstancia

no estará lleno de memorias y destinos
será escrito desde esa parte de mí que ya no habitas

Cuando llegue la hora de olvidarte


Noviembre cuarto
 
Hoy ha muerto mi padre

sólo el movimiento de mis labios
recuerda tierra

me hago nube

en casa pequeñas islas
naufragamos en intemperie

su aliento menguó
entre mis brazos
fragmentando el suelo

cerrando mis ojos con él


Intemperie
 
Él le regala su último adiós
La despide con la mirada envejecida
como quien ha visto tanto amanecer a su lado
que conoce todas las noches de su cuerpo

Ella le sujeta el alma
la anuda con palabras que ya no dicen
que son sólo errancia
Promete otra noche
una última noche estragada que no sepa de mañanas
que estalle en el temblor de las carnes

Hay recuerdos que no saben despedirse



  



La herida esencial
 
Me hace un inventario
lo tienes todo –dice–
mientras enumera
virtudes títulos posesiones y afectos

¿Sabe acaso mi madre
que nada tengo
si la pierdo?



Plegaria
 
Dónde los deditos de tus manos
niño triste
tarareando una canción
racimos púrpura
los gestos de tus brazos

La noche
engulle la miseria que desgarra tu día

Tañes tu sonrisa
a la tierra
que te arrulla
amamanta tu insomnio

Duerme niño
en tu cama de cemento
refúgiate del frío
que sirvan para algo
los periódicos de mi país


Reo número 329727
 
Reposa el hombre a la espera
marioneta de su destino

sólo un suelo pestilente cobija el sueño

Piensa en la madre
su sexo en venta para el sustento
y ese afán de protegerlo de las calles
obligado resguardo del desamparo

Mil cruces no bastaron para bendecirlo

Entrar descalzo al calabozo –ordenan–
en este inframundo
un par de trenzas pueden zanjar la vida

Qué entienden los zapatos de libertad


En el semáforo
 
Ellos te miran
esconden sus miedos
lavados al sol
 
la armadura de cristal
separa su hambre
de tu duda
 
Inevitable la luz verde














otpoesía
Poesía Oscar Todtmann editores
Cuarto libro
Daño oculto
Georgina Ramírez
Poemas
Oscar Todtmann Editores
Coordinación Editorial: Luna Benítez
Diseño: Carsten Todtmann y
Pascual Estrada
© de esta edición OT Editores, C. A.
© Georgina Ramírez
ISBN: 978-980-407-XXX
Depósito Legal: lf25320148002XXX
Impresos Minipres
Caracas, Venezuela 2015
Los libros de OT editores también están
disponibles en Kindle y Amazon