martes, 11 de agosto de 2009


DISPEPSIA


Estoy indigestada de recuerdos

Te transpiro
goteo

mi cordura cayó en cama
vencida

pensar que eras pasado
y cómo pesas

Desde entonces
no hay letra
que no lleve tu nombre

aunque nadie lo sepa

después de hecho
el amor
refleja tu rostro
en cualquier cuerpo

indigestada de recuerdos
nada calma
esta acidez de tí.


Georgina Ramírez

12 comentarios:

Marian Raméntol Serratosa dijo...

Para mí será un honor y un privilegio que tomes uno de mis versos como epígrafe, mi querida Georgia, gracias de antemano por tu regalo.

Mil besos
Marian

MI CORAZÓN AL DESNUDO Y CON FRÍO dijo...

Genralmente cuando la cordura se no cae a la cama, ya nada se puede hacer. Salvo seguir en el contento ácido. Si la cordura se nos pierde pro otros lados... ya es más dificil recuperar las cosas bellas que se guardan con sigilo.
Sldos.
A NAvero

Isabel Huete dijo...

El amor, o el recuerdo del amor, siempre produce acidez, tanto en su disfrute como en su olvido. Lo que hay que procurar es digerirlo despacio para que la dispepcia no acabe en úlcera.
Un beso grande, mi niña.

náyades sirenas dijo...

Indigesta... acidez...
qué buenas analogías!

qué mal sentirse así..
pero qué bien suena escrito.


saludos! :)

Abriles dijo...

Historia clínica

Informó que sufría taquicardia cada vez que lo veía, aunque fuera de lejos.
Declaró que se le secaban las glándulas salivales cuando él la miraba, aunque fuera de refilón.
Admitió una hipersecreción de las glándulas sudoríparas cada vez que –él le hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo.
Reconoció que padecía graves desequilibrios en la presión sanguínea cuando él la rozaba, aunque fuera por error.
Confesó que por él padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le aflojaban las rodillas. Que en los días no podía parar de decir bobadas y en las noches no conseguía dormir.
–Fue hace mucho tiempo, doctor –dijo–. Yo nunca más sentí nada de eso.
El médico arqueó las cejas:
–¿Nunca más sintió nada de eso?
Y diagnosticó:
—Su caso es grave.

Antonio Ruiz Bonilla. dijo...

Pero poderlo escupir con esa delicadeza debe compensar bastante.
Un saludo

Walter Portilla dijo...

Indigestión por malos recuerdos, o aquello que quieres olvidar, pero es amor, querida Georgia, y como te dicen, es una grave enfermedad (sí es curable, te lo cuento, al menos deja de doler la herida).
Excelente forma de decirlo Georgia, verosos que transmiten destemplanzas con mucho estilo.
Un abrazo de esos enormes, que te haga olvidar un poco la dispepsia y te sirva más que un bismutol, por eso, fuerte y enorme.

Amargos de Mandarina dijo...

Ese amor que persiste después de su partida...
Saludos.-

-Pato- dijo...

Qué buen poema Georgia.

Lamento tu indigestión, tu molestia física, es que es desagradable sentir ese peso, ese dolor en la boca del estómago con sólo recordar un nombre.
Parece mentira todo el espacio interno que ocupa un nombre.
Lo has dicho genial.
Besos.

Luisa Arellano dijo...

Qué difícil resulta a veces desprenderse del recuerdo de quien en algun momento fue importante para nosotros... aunque en el presente nos provoque acidez :)

Un poema fresco sobre temas espinosos que me ha encantado, Georgia.

Un beso, corazón.

La Gata Insomne dijo...

Cada vez mejor Georgia, en serio!!!

Besos

Ricardo dijo...

Precioso, me has dejado maravillado